EL GOZO DE SER EL PRIMER MAESTRO DE TU HIJO

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Hoy quiero compartir con ustedes el extracto de un ensayo en el que comparto una pequeña parte de la experiencia que mi esposo y yo tuvimos como padres. La comparto con ustedes para animarlos a superar los retos y desafíos de este desafiante camino.

Aunque se argumenta que uno comienza a ser padre y maestro de su hijo el día en que sale del Hospital,  personalmente pienso que comienza antes, cuando una persona decide que quiere tener un hijo. Mi esposo y yo tuvimos ocho años de matrimonio antes de que naciera nuestro primer bebé, en ese tiempo, decidimos preparar nuestra paternidad. Leímos muchos libros al respecto, analizamos la cultura familiar sobre la crianza y la educación, observamos lo que ocurría en nuestro contexto social y tuvimos la ventaja de observar a nuestros alumnos. Esto nos permitió saber sobre lo que consideramos correcto hacer, y una de las cosas que ambos decidimos, cuando Dios nos concedió nuestro primer hijo, fue que queríamos ser padres al 100%, es decir queríamos estar involucrados en cada etapa de su desarrollo, acompañando su crecimiento y estableciendo valores y creencias que consideramos fundamentales.

Desde que estuve embarazada adquirí la costumbre de sentarme en mi silla mecedora, escuchar música suave y leer para el bebé que esperaba. Lo hice exactamente igual con cada uno de mis cuatro hijos (aunque en el cuarto la mecedora estaba bastante destartalada). Cuando nació mi segundo bebé leía para los dos, luego para los tres, y finalmente para los cuatro (aunque el mayor tenía ya 9 años). Mi esposo también leía para ellos y le gustaba mucho hablarles, jugar con ellos dando toques a mi barriga y luego, meciéndolos apoyados en sus piernas, mirándolos a los ojos, remedando sus gestos y canturreando. Hoy mis hijos ya están grandes (el mayor tiene 19 años) y puedo ver los frutos de esos primeros pasos con el uso del lenguaje en el gran éxito que tienen en sus estudios porque simplemente aman aprender. Esto les ha llevado a obtener premios, becas, condecoraciones, medallas… pero sobre todo la satisfacción de haber hecho lo correcto con sus vidas.

Siempre intentamos que nuestros hijos se percataran de las cosas simples de la vida, de cómo se movían los gusanos en el piso, de cómo las hormigas construían sus hormigueros, de las diferencias en las plumas de las aves… pasamos mucho tiempo intentando contar estrellas, nos gustaba jugar en los charcos y viajar en nuestra pequeña peta a todos los pueblos cercanos. Pensábamos que era muy importante que tengan una vivencia con la naturaleza, con los ríos, las montañas, los animales, y también con la gente indígena que habita en el campo. Nos esforzamos en contestar todas sus preguntas y curiosidades, leíamos los diccionarios, las enciclopedias o investigábamos en internet. Mientras tanto, la mayoría de nuestros parientes y amigos contemporáneos se estaban haciendo cada vez más ricos. Trabajaban horas y horas extra para que su familia viaje a Disneylandia, condecían a sus hijos cuanta cosa deseaban o los “premiaban” con dinero por una buena calificación.

Cada año que pasa observo con más tristeza que los niños que están rodeados de grandes pantallas, de modernísimos vídeo juegos, de habitaciones repletas de cosas, en el fondo de su corazón anhelan que sus padres les dediquen aunque sea unos minutos de tiempo para observar su dibujo, para comentar su tarea o para llevarlos a un parque. Gran parte de los padres jóvenes tienen “miedo” a que sus hijos se lastimen mientras juegan, así que prefieren comprar películas para que cada uno (en su habitación) vea lo que quiera (nosotros siempre tuvimos un solo televisor ubicado en la sala de la casa).

La forma en que educamos a nuestros hijos estuvo siempre en contracorriente, fuimos objeto de burla un sinfín de veces, pero al mismo tiempo eso les enseñó a no ceder a la presión de grupo y a desarrollar auto confianza y auto control. Siempre tuvieron una actitud crítica ante cualquier cosa que les decían sus amigos y la mayoría de sus decisiones las tomaron después de analizarlas profundamente. Más de veinte años después de iniciar nuestra vida de padres podemos decir que no es una “pérdida de tiempo” interesarte por el día a día de tu hijo”.

Anuncios

Acerca de ximesol

Ximena Soliz es una apasionada por servir a los niños, adolescentes y jóvenes. Por eso trabaja para ellos y sus familias en el campo de la educación y la comunicación. Ximena está convencida de que sólo una educación fundamentada en los principios de la Palabra de Dios puede dar excelentes resultados en esta generación.
Esta entrada fue publicada en Bebés, Comunicación, Educación, formación, Hijos, Hogar, Niños, Planificación, Pre escolares, Valores y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a EL GOZO DE SER EL PRIMER MAESTRO DE TU HIJO

  1. Miguel Avila dijo:

    Ximenita, tienes tanta razón, hemos sido testigos de cómo ustedes han sido unos padres ejemplares y lo siguen siendo. Gracias por compartir palabras de sabiduría que nos son consejos valiosos para los que tenemos hijos de todas las edades.

  2. ximesol dijo:

    Gracias Miguelito. Lo mismo puedo decir de ustedes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s