¿Cómo respondes a las rebeldías de tu adolescente?

A medida que nuestros niños se hacen adolescentes comienzan a cuestionar los valores y principios que aprendieron de sus padres y muchas veces usan la estrategia de rebelarse sólo para conocer sus reacciones ¿cómo respondes?

¿El que un día fue el tierno muchachito que tenías por hijo comienza a darte la contra? o quizás ¿tu dulce nena te confronta y hace todo para irritarte?

La mayoría de las veces estas actitudes sólo tienen la intención de ver reaccionar a sus padres cuando están bajo  presión, aunque también hay ocasiones en las que buscan dar la contra en todo lo que pueden.

Si sus padres los incentivan a practicar deportes, ellos odian el deporte; si sus padres les piden orden, ellos insisten en tener todo tirado; si les piden que usen un saco para abrigarse, es muy posible que usen camisetas sin mangas.

La repentina aparición de estas actitudes nos deja desorientados como padres y generalmente optamos por un círculo casi predecible de respuestas:

Las típicas respuestas:

Generalmente comenzamos con aspereza, si no funciona se opta por la bondad y el chantaje basado en alabanza, si falla nos vamos al razonamiento lógico, si no surte efecto se opta por el sarcasmo,  la burla o el reproche, y finalmente se llega a las amenazas y castigos.

¿Qué hacer para no caer en este remolino desesperanzador?

Primero que nada es importante que sepas que estas actitudes son una fase más de su camino hacia la independencia. Lo que los chicos buscan es establecer sus propias identidades.

Ellos sienten la necesidad de romper esos “lazos” en los que los padres les guiaban a responder en determinada forma y quieren tener sus propios valores, sus propias convicciones, y tomar sus propias decisiones.

Todo lo que sus padres les dicen para ellos son cuerdas que los atan a su vida infantil que sienten que deben cortar para poder rehacer su sentido del yo, pues lo que anhelan es construir su propia identidad.

Toma una actitud comprensiva. Cuando ves a alguien herido es el momento de curar y vendar, no de sermonear. Este “curar” y “vendar” equivale a respetar, aceptar y consolar.

No minimices sus sentimientos. Para un adolescente sus sentimientos son únicos y no les interesa saber que sus padres hayan pasado “exactamente” por lo mismo.

No te conviertas en un adolescente tú también. Hoy en día muchas madres compiten en moda y arreglo personal con sus hijas adolescentes. También los padres se hacen a los “padres modernos” hablando y vistiendo como sus hijos.

Esa actitud molesta a los adolescentes aunque aparenten seguirte la cuerda. Ellos ya tienen muchos amigos de su edad para competir, lo que esperan de ti es que asumas seriamente el rol que tienes.

Aliéntalo  a desarrollar lo mejor de sí. No te permitas atravesar la adolescencia de tu hijo criticándolo y tratando de corregir sus errores, esto sólo lo cerrará más. Muchas veces, en esta etapa, la mejor forma de alentarlo, es guardar silencio.

Ya no lo trates como cuando lo tratabas de niño, hazle saber que estás consciente de sus cambios y que lo respetas.

Evita intervenir con demasiada frecuencia y toma conciencia de que en unos pocos años más tu hijo será un joven independiente.

No insistas en demostrarle que siempre tienes la razón. Muchos padres invierten mucho tiempo explicando a sus hijos dónde cómo y por qué tienen razón. Esto sólo traerá amargura y decepción.

Respeta su privacidad. Deja que sea tu adolescente quien decore su cuarto, quien organice sus cosas y quien ordene su habitación.

Evita etiquetarlo. “Este nació pesimista”, “es tacaño desde pequeño”, “habló el aburrido de siempre”. Frases como estas son muy comunes en los padres de hijos adolescentes. Te exhorto a que NO las repitas.

Permítele construir su camino. Esto implica que aprendan a enfrentar sus crisis. Tu respuesta ahora debe ser la de estar allí, silenciosamente, siempre esperando con los brazos extendidos, comprendiendo sus frustraciones y rebeldías.

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Acerca de ximesol

Ximena Soliz es una apasionada por servir a los niños, adolescentes y jóvenes. Por eso trabaja para ellos y sus familias en el campo de la educación y la comunicación. Ximena está convencida de que sólo una educación fundamentada en los principios de la Palabra de Dios puede dar excelentes resultados en esta generación.
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