Hijos formados y transformados

Debemos aprender a ver la a educación de nuestros hijos como un proceso permanente, en el que ellos deben descubrir, elaborar, reinventar y hacer suyo el conocimiento.

Es muy fácil manipular a los hijos, principalmente cuando son pequeños. También es muy sencillo llenarlos de conocimientos y exigirles que actúen respondiendo a ellos. ¿Pero eso nos lleva a formarlos verdaderamente?

Hijos que reflexionan y actúan

Cuando mis hijos eran muy pequeños, me deleitaba observando cómo descubrían el mundo que les rodeaba. Miraban atentamente sus pequeñas manos, se las chupaban, tocaban lo que tenían cerca, y trataban de sujetar mis dedos.

Era un mundo de experiencias que adquirían a gran velocidad. Luego, cuando crecieron un poco más, querían explorarlo todo, gateaban de un lugar a otro, cogían cosas, las observaban, las arrojaban, las levantaban…

Todo su aprendizaje era motivado por su curiosidad, por su deseo de interactuar con sus padres, por apropiarse de todo lo que les rodeaba.

Mi esposo y yo pasábamos mucho tiempo respondiendo sus preguntas, guiando sus inquietudes, leyéndoles la Biblia, cantándoles canciones, jugando y compartiendo sus experiencias.

Poco a poco ellos fueron explicando en sus sencillas palabras las reflexiones sobre lo que aprendían. Esas reflexiones los llevaban a actuar de acuerdo a lo que asimilaban como principios de vida, y así atravesaban su desarrollo.

Ellos no solo estaban conociendo, tampoco estaban siendo conducidos, ellos se estaban formando, al mismo tiempo que construían un deseo de transformar, de cambiar y de mejorar.

Educación para la vida

Si de veras estamos buscando que nuestros hijos se formen para que enfrenten los desafíos de la vida con sabiduría, debemos facilitarles a que su aprendizaje vaya desde lo profundo de ellos hacia afuera.

Es decir, que sean personas capaces de comprender las cosas por sí mismas, que su aprendizaje no sea pasivo, conformista, individualista, egoísta y manipulable. Sino que sean capaces de asumir plenamente la misión que Dios dio a su vida.

Es fácil conducir a nuestros hijos a que estudien la carrera que estimamos conveniente, a que se casen con quien nos parece correcto, a que pertenezcan al círculo social “apropiado”, etc., pero ¿es eso prepararlos para la vida?

La vida es mucho más que el “éxito personal”, es formar valores solidarios, es aprender a compartir, es aprender a soportar pruebas y vicisitudes, es dar todo de uno para el bien de todos.

Es por eso que usar mecanismos manipuladores para educarlos no ayudará a que piensen por sí mismos, y a que tomen decisiones sabias y autónomas.

Sólo participando, involucrándose, investigando, haciéndose preguntas y buscando respuestas, problematizando y problematizándose, podrán realmente llegar a formarse plenamente y a transformar para bien.

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Acerca de ximesol

Ximena Soliz es una apasionada por servir a los niños, adolescentes y jóvenes. Por eso trabaja para ellos y sus familias en el campo de la educación y la comunicación. Ximena está convencida de que sólo una educación fundamentada en los principios de la Palabra de Dios puede dar excelentes resultados en esta generación.
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