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“Importancia del inicio temprano de la lactancia en la comunicación afectiva entre la madre y el bebé”

Estimados lectores:

Pongo a su disposición esta investigación en la que empleé tres años de trabajo con el interés de motivar a las familias a que amen a sus bebés desde el primer momento en que fueron concebidos.“Importancia del inicio temprano de la lactancia en la comunicación afectiva entre la madre y el bebé”

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Hijo: Esta es mi posición sobre el aborto

abortoEra un bosque hermoso, lleno de árboles vírgenes que abastecían de oxígeno el lugar. A un lado, cerca de algunos arbustos, había una caja de herramientas; todas tenían vida. La caja dio las órdenes con claridad: ̶ Deben construir una cerca que proteja el bosque. Trabajen con cuidado, no dañen los árboles, usen los troncos caídos para su labor. Yo estaré ocupada en la reunión de cajas, pero volveré en dos meses para guardarlas y llevarlas a otro lugar ̶.

Las herramientas comenzaron su labor con entusiasmo y fueron construyendo la cerca. Las herramientas y el bosqueCuando ya habían logrado cercar más de la mitad del bosque, un tornillo exclamo: ̶ ¡Tomaré un tiempo para ˂destornillarme˃ antes de continuar! ̶   Inmediatamente se ˂destornilló˃ y luego exclamó: – ¡Amigos, vengan, esto es muy divertido! ̶   Al escuchar sus risas y carcajadas muchos tornillos lo imitaron y comenzaron a ˂destornillarse˃ con mucha emoción. Al verlos, los clavos, se sintieron inspirados, y comenzaron a tirar a un lado y a otro intentando zafarse. El primero que lo logró gritó: ̶ ¡Miren, me zafé y quedé chueco! ̶ Otro de los clavos contestó jocoso: ̶ Pero las curvas son sensuales ̶ y todos comenzaron a contonearse mientras reían complacidos.

Ante tanta diversión, el taladro comenzó a perforar todo lo que se le ocurría, el serrucho cortaba por aquí y por allá a cuanta madera se le ponía en frente, el alicate jalaba al que encontraba y se divertía lastimando, el martillo golpeaba las maderas sin piedad y el pegamento se desparramó por todos lados embriagando a todos con su olor penetrante. En muy poco tiempo, toda la cerca quedó destruida, pero a las herramientas no parecía importarles en absoluto, pues se solazaban haciendo lo que hacían. Cuando la caja volvió, se quedó espantada. ̶ ¡Qué horror ̶ exclamó! ̶ ¿cómo es posible que hayan hecho tanto desastre? Busquen inmediatamente una solución y háganmela saber ̶ .

Las herramientas hicieron una reunión de emergencia dando toda clase de ideas, pero una sola “solución” se impuso a las demás: ̶ Fue la del serrucho: debemos cortar todos los árboles y destruir todo el bosque ̶ propuso. ̶ No es necesaria una cerca protectora si no hay bosque ̶ afirmó. Todos quedaron fascinados con la idea ¡Claro, el bosque era culpable de todo por el sólo hecho de existir! La idea les pareció genial y la aprobaron por unanimidad.

La sociedad actual se asemeja mucho a las herramientas de esta historia. Ha sustituido el deber por la falta de compromiso, los valores por el desenfreno, la responsabilidad por el derroche, el amor por el placer, la familia por las posesiones y las obligaciones por la jarana. En muy poco tiempo ha destruido los principios del sentido común y ha construido un ídolo mitad hedonista y mitad materialista que hace bailar a todos al ritmo de sus canciones. Por si fuera poco, es incapaz de admitir su fracaso, menos de restaurar lo que ha destruido y prefiere optar por la opción fácil, por abortar a aquellos inocentes que ni han tenido la oportunidad de nacer. Quiere negar la evidencia de su fracaso embriagado de corrupción.

Todos echamos la culpa al otro, o a los otros, pero todos debíamos asumir nuestra responsabilidad. Todos fuimos constituidos herramientas de construcción, pero hemos preferido hacer lo contrario. Somos una generación que ha perdido la moral antes los jóvenes y los niños, pues nuestro desenfreno ha dado lugar a una generación libertina, sin familias sólidas, sin cuidados, sin referentes y la hemos privado de nuestro cuidado y amor. Ahora será mucho más fácil aún que los adolescentes den rienda suelta a sus instintos, amparados por un estado que se “compromete” a solventar sus irresponsabilidades. Qué fácil será perpetuar estos núcleos amorfos que han dejado de ser familias, qué fácil será para todos desentendernos de educar, de dar buen ejemplo, qué fácil será cerrar los ojos y, como dijo por primera vez Vincent de Gournay, qué fácil será «Dejar hacer, dejar pasar…».

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¿CÓMO AFECTARÁN A TU HIJO LOS CAMBIOS EN LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI?

Una escuela actual en Finlandia

Una escuela actual en Finlandia

¿Te has percatado que en los últimos años se han producido cambios revolucionarios en la educación en todos los continentes del mundo? Miles de cursos online, una gigantesca variedad de dispositivos electrónicos, aulas fuera de serie, clases al revés… ¡Toda una revolución!

En términos muy generales, la educación obligatoria y universal que hemos conocido tradicionalmente fue en gran parte un producto de la era industrial. Antes de eso, la educación estaba reservada en gran medida a los privilegiados de la época: la nobleza, los terratenientes ricos y en muchos países del mundo, al clero. Pero la nueva tecnología (con la invención de la imprenta, los trenes, la electricidad…, etc.), significaba que más gente tenía acceso al conocimiento y también que necesitaba nuevos tipos de saberes y habilidades. Por lo tanto, nuevos enfoques de la educación se desarrollaron en respuesta.

Lo que a menudo se denomina educación “tradicional” de masas fue diseñado para preparar a las personas a tomar su lugar en esta nueva sociedad. La educación debía apuntar a formar y producir trabajadores flexibles y puntuales. El profesor era el que lo conocía todo, el “sabio en el escenario” y, por supuesto, la figura de autoridad. Los alumnos eran vistos como recipientes vacíos, “tablas rasas” a la espera de ser llenados de conocimiento, pero un conocimiento específico para los fines de la época, y no un conocimiento de su propia elección. El entorno físico era uno de jerarquía y control – escritorios en filas, los niños frente a maestros que controlaban los temas, la charla y las actividades desde el frente de la habitación, El enfoque estaba centrado en aprender de memoria y recordar correctamente la información.

A través del tiempo, esto ha cambiado para fortuna de muchos, sin embargo en Latinoamérica hay sistemas educativos que todavía se sujetan a la descripción anterior. Las aulas, las bancas, las pizarras y la verticalidad de la clase permanecen intactas, inclusive se sigue controlando el movimiento de los niños. Pareciera que en esos lugares la era industrial todavía permanece. Y no es que en la educación del siglo XXI los episodios de aprendizaje dirigidos por maestros no tengan su lugar; claro que lo tienen; tampoco es que el modelo de “tiza y conversación” está extinguido o que sea indeseable, porque no lo es.

Pero ya no vivimos en una era industrial. La vida de este siglo es muy diferente y no es efectivo seguir formando a los estudiantes para una línea de producción. Vivimos en lo que a veces se llama la era de la información o la era digital. Los tipos de habilidades que los estudiantes necesitan para prosperar en este mundo contemporáneo son muy diferentes a los del pasado; y no me refiero simplemente a formar habilidades relacionadas con la tecnología digital (que por supuesto ha contribuido significativamente al cambio del panorama educativo). Es la época del constructivismo, donde cada estudiante construye su propio aprendizaje, pero al mismo tiempo está interrelacionado con su entorno (constructivismo social). El actual enfoque educativo está centrado en el alumno, que construye su conocimiento de manera individual y colaborativa, haciendo conexiones con el conocimiento previo y sus experiencias.

Se podría decir que en el pasado, el aprendizaje superficial era suficiente: memorizar hechos, seleccionar la respuesta correcta y así sucesivamente. Pero para ser equipado para el mundo de hoy, el aprendizaje superficial no es bastante. Los “hechos” de hoy pueden no ser hechos el próximo año. Las “habilidades” actuales pueden ser obsoletas en una década. Los chicos de ahora necesitan ser ágiles, flexibles, adaptables y tener desarrollado su pensamiento crítico. En el mundo actual estas habilidades no deben estar reservadas para una élite, como fue en el pasado, tampoco son opcionales, son imprescindibles para todos los estudiantes. Los maestros de hoy tienen que saber esto para poder equipar a los alumnos con este tipo de destrezas. La pregunta clave que surge de todo esto es ¿cómo?

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EL GOZO DE SER EL PRIMER MAESTRO DE TU HIJO

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Hoy quiero compartir con ustedes el extracto de un ensayo en el que comparto una pequeña parte de la experiencia que mi esposo y yo tuvimos como padres. La comparto con ustedes para animarlos a superar los retos y desafíos de este desafiante camino.

Aunque se argumenta que uno comienza a ser padre y maestro de su hijo el día en que sale del Hospital,  personalmente pienso que comienza antes, cuando una persona decide que quiere tener un hijo. Mi esposo y yo tuvimos ocho años de matrimonio antes de que naciera nuestro primer bebé, en ese tiempo, decidimos preparar nuestra paternidad. Leímos muchos libros al respecto, analizamos la cultura familiar sobre la crianza y la educación, observamos lo que ocurría en nuestro contexto social y tuvimos la ventaja de observar a nuestros alumnos. Esto nos permitió saber sobre lo que consideramos correcto hacer, y una de las cosas que ambos decidimos, cuando Dios nos concedió nuestro primer hijo, fue que queríamos ser padres al 100%, es decir queríamos estar involucrados en cada etapa de su desarrollo, acompañando su crecimiento y estableciendo valores y creencias que consideramos fundamentales.

Desde que estuve embarazada adquirí la costumbre de sentarme en mi silla mecedora, escuchar música suave y leer para el bebé que esperaba. Lo hice exactamente igual con cada uno de mis cuatro hijos (aunque en el cuarto la mecedora estaba bastante destartalada). Cuando nació mi segundo bebé leía para los dos, luego para los tres, y finalmente para los cuatro (aunque el mayor tenía ya 9 años). Mi esposo también leía para ellos y le gustaba mucho hablarles, jugar con ellos dando toques a mi barriga y luego, meciéndolos apoyados en sus piernas, mirándolos a los ojos, remedando sus gestos y canturreando. Hoy mis hijos ya están grandes (el mayor tiene 19 años) y puedo ver los frutos de esos primeros pasos con el uso del lenguaje en el gran éxito que tienen en sus estudios porque simplemente aman aprender. Esto les ha llevado a obtener premios, becas, condecoraciones, medallas… pero sobre todo la satisfacción de haber hecho lo correcto con sus vidas.

Siempre intentamos que nuestros hijos se percataran de las cosas simples de la vida, de cómo se movían los gusanos en el piso, de cómo las hormigas construían sus hormigueros, de las diferencias en las plumas de las aves… pasamos mucho tiempo intentando contar estrellas, nos gustaba jugar en los charcos y viajar en nuestra pequeña peta a todos los pueblos cercanos. Pensábamos que era muy importante que tengan una vivencia con la naturaleza, con los ríos, las montañas, los animales, y también con la gente indígena que habita en el campo. Nos esforzamos en contestar todas sus preguntas y curiosidades, leíamos los diccionarios, las enciclopedias o investigábamos en internet. Mientras tanto, la mayoría de nuestros parientes y amigos contemporáneos se estaban haciendo cada vez más ricos. Trabajaban horas y horas extra para que su familia viaje a Disneylandia, condecían a sus hijos cuanta cosa deseaban o los “premiaban” con dinero por una buena calificación.

Cada año que pasa observo con más tristeza que los niños que están rodeados de grandes pantallas, de modernísimos vídeo juegos, de habitaciones repletas de cosas, en el fondo de su corazón anhelan que sus padres les dediquen aunque sea unos minutos de tiempo para observar su dibujo, para comentar su tarea o para llevarlos a un parque. Gran parte de los padres jóvenes tienen “miedo” a que sus hijos se lastimen mientras juegan, así que prefieren comprar películas para que cada uno (en su habitación) vea lo que quiera (nosotros siempre tuvimos un solo televisor ubicado en la sala de la casa).

La forma en que educamos a nuestros hijos estuvo siempre en contracorriente, fuimos objeto de burla un sinfín de veces, pero al mismo tiempo eso les enseñó a no ceder a la presión de grupo y a desarrollar auto confianza y auto control. Siempre tuvieron una actitud crítica ante cualquier cosa que les decían sus amigos y la mayoría de sus decisiones las tomaron después de analizarlas profundamente. Más de veinte años después de iniciar nuestra vida de padres podemos decir que no es una “pérdida de tiempo” interesarte por el día a día de tu hijo”.

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Que tu hijo sienta la alegría de aprender

Hoy, más que nunca, padres y maestros están empeñados en llenar a sus hijos con información teórica desde edades muy tempranas. En ese afán, sólo logran que los chicos se resientan con la alegría que produce aprender cosas nuevas. ¿Qué hacer para que desarrollen un aprendizaje exitoso?

 Una vida plena debe saber conjugar el conocimiento, la acción, la experimentación y la reflexión. Sin embargo, muchos padres están empeñados en endurecer el aprendizaje natural de los niños, institucionalizándolos desde edades muy tempranas, quitándoles el ingrediente clave llamado juego libre.

Cada vez más, los niños pequeños son inscritos a diversos cursos que “controlan” su aprendizaje. Los padres creen que de esa forma estarán preparados para el éxito y para ser sobresalientes en el colegio.

Cada día recibo consultas de padres que quieren tener los métodos “mágicos” para que sus niños se introduzcan a las letras y números desde que son pequeños infantes, y ocurre algo similar con niños más grandes que son obligados a pasar clases que ocupen todo su tiempo libre a fin de que estén “preparados”.

Tristemente han olvidado que la mejor institución para que un niño aprenda es el propio hogar. Allí se aprende lo más fundamental que es AMAR, con todo lo que amar implica: generosidad, negación, sacrificio, alegría, lucha… en fin, tantas cosas.

Los padres deben ser sus mejores maestros. Junto a ellos irá conociendo todo lo que le rodea, ellos impulsarán esa curiosidad que siente y logrará conectar el amor con el aprendizaje.

Luego, en sus tiempos de juego libre,  podrá reflexionar sobre lo que observa, toca, conoce y aprende. Es allí donde transformará su conocimiento en comprensión y entendimiento, que son las claves del verdadero aprender.

En su interior ocurre algo similar al proceso de la fotosíntesis (el proceso químico que permite, gracias a la energía de la luz, transformar un sustrato inorgánico en materia orgánica rica en energía.)

Las plantas usan la fotosíntesis para alimentarse, crecer y desarrollarse. Las raíces de las plantas absorben el agua y los minerales de la tierra. De la misma manera la curiosidad de los niños les hace buscar explicaciones sobre lo que pasa a su alrededor.

El agua y los minerales absorbidos por las raíces pasan hasta las hojas a través del tallo y allí se realiza la fotosíntesis, donde las hojas atrapan la luz del sol. De la misma forma los niños atrapan con sus sentidos los conocimientos que satisfacen su curiosidad.

A partir de la luz del Sol y el dióxido de carbono, la fotosíntesis transforma la savia bruta en savia elaborada, que constituye el alimento de la planta. Todo ello se produce gracias a la clorofila, que se encuentra en las hojas, y es responsable de absorber la luz adecuada para realizar este proceso.

De la misma forma el juego libre del niño equivale al accionar de la clorofila, donde va representando y materializando lo que aprende verdaderamente. Estos juegos lo conducen a la reflexión que transforma el “conocimiento bruto” en aprendizaje útil y auténtico.

Este es un genuino proceso que estimula al desarrollo de habilidades y destrezas, plantea problemas, investiga, analiza, busca soluciones y mantiene el cuerpo en movimiento, permitiendo que el niño se sienta libre y que tenga la alegría de aprender.

Si te interesa este artículo, por favor compártelo o escríbeme. ximesol.soliz@gmail.com

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Madres constructoras de hogares

Hoy se celebra el día de las madres en mi país, por eso quiero compartir con ustedes este artículo especial de agradecimiento a todas las mujeres que construyen hogares y familias poniendo todo su esfuerzo y trabajo como una hormiguita incansable.

Gracias queridas madres porque con su trabajo construyen El HOGAR, ese nido especial donde los niños desarrollan su sentido de seguridad y autoconfianza.

Gracias por que es allí, en el hogar que construyen, donde llenan a sus hijos con su amor y los valores son comunicados libre y generosamente. Gracias a esa labor, sus hijos  aprenden  a sentir que son VALIOSOS para su familia y, por lo tanto, se VALORAN a sí mismo, y sobre todo sienten que son muy VALIOSOS para Dios y para otras personas.

Es en ese hogar que cada día construyen donde los hijos desarrollan su VISIÓN de la vida. Allí aprenden sobre los límites, la disciplina, el respeto, y las normas que les hacen comprender que ellos no son la ley en sí mismo.

En su HOGAR reciben su primer CONCEPTO de Dios, pues ven en su ejemplo lo que es el amor, la generosidad y la misericordia.

En este tiempo en que los valores son tremendamente distorsionados todavía hay madres que luchan por MANTENER familias fuertes, que valoran más el ser que el tener y que instruyen a sus hijos, velando siempre por ellos, y sin importar cuán rebeldes ellos quieran ser, tendrán la destreza, el conocimiento y el carácter para refrenarse a sí mismos.

Dios las llene de fortaleza queridas madres.

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